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Las
Aventuras de Manolo Kabezabolo |
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Autor: |
Javier
Agorreta |


En
el tugurio que es su casa, Manolo Kabezabolo coge la trapera y mira debajo de
su almohada: encuentra unos pocos tripis. Después, sale de su habitación y
mira el cuadro de la Virgen, encontrando una estampita de su Santo favorito,
San Patrás.
Manolo sale del edificio, y se dirige por la
calle de abajo. Entra en la iglesia y, rápidamente, le da la estampita de San Patrás la vieja. Ésta le confunde con su sobrino y le da las
llaves de la casa de sus vecinos. Je Je, con las ganas que tenía Manolo de
montarse un juerga de flipar en la casa de esos asquerosos. Tras una juerga
que entró en los anales de la historia de Manolo y sus colegas, consigue una
cuerda de escalada, como regalo.
Nuestro “héroe” vuelve otra vez al lugar
donde se encuentra la iglesia, y coge esa cosa blanca que hay en el suelo.
Entra en el garito y se dirige hacia la izquierda. Su amigo Johny está
“colocao” y es imposible hablar con él, por lo que Manolo le da los
tripis a Johny y consigue recuperarlo momentáneamente para una corta
conversación. Manolo quiere montarse un juerga difícil de olvidar, y le
pregunta a su amigo, especialista en juergas, que es lo que necesitarán.
Johny le responde que es imprescindible la música, las bebidas, las chicas y
la Maria. Manolo se pone manos a la obra.

Va ahora a los cuartos de baño del garito y su colega Bernardo le da papelinas para liarse unos petas. Manolo va
corriendo a su habitación y se los hace. Le entran ganas de cogerse un buen
pedo, para lo que sale de su edificio y camina hacia el este hasta que llega
al bar Tolo. Le pide bebida al camarero, pero Manolo no
tiene ni un duro y el camarero no le fía nada más. Maldiciendo este mundo
capitalista, sale a la calle y volviendo hacia su casa, se encuentra un
billete de 5000 pesetas en el suelo. Lo coge muy contento y de paso hace de
carnicero con el seboso gato que se pasea, machacándolo con la trapera y
recogiendo los restos, sin saber muy bien porqué.
Ya con el dinero, Manolo
regresa al bar, y vuelve a pedir bebida. Al poco tiempo, Manolo está
totalmente borracho, por lo que vuelve como puede a su casa a dormir la mona.
Cuando se despierta, tiene en su poder unos cupones de bebida gratis. Sale
ahora por la ventana de su habitación y usa la cuerda con el tejado del
edificio de al lado. Después de su entrada a lo Indiana Jones, usa los
papeles de descuento con la fotocopiadora, obteniendo un montón de vales
descuento. Ya tiene la bebida para la juerga.
Manolo usa ahora la trapera con el cuadro de
Franco, y consigue una flamante pistola. Decide salir por la puerta, y dispara
al guardia civil. Lo registra, y encuentra una llave. Manolo la usa con el
archivo, y consigue sus propias cintas de música, que le habían incautado.
Acaba de conseguir la música que Johny le pedía.
Sale nuestro juerguista por la puerta, baja por
el ascensor y mata al otro guardia civil, para no dejar testigos. Vuelve al
garito, y le da los descuentos y las cintas de música a Johny. Ya tiene dos
de las cuatro cosas que necesita: Sólo le quedan las chicas y la Maria.

Sale de allí y en la entrada del garito echa
los restos del gato encima del borracho que está tumbado en el sofá del
fondo, su amigo Justerini. Se despertará y ya podrá conducir. Su coche está
a la derecha del bar Tolo. Antes de subir, Manolo coge el martillo. Justerini
lleva a Manolo a su pueblo, exactamente a la casa del abuelo de Manolo. Manolo
le da el porro a su abuelo, y éste le da a cambio la llave del baúl. Lo abre
y encuentra un montón de María. Se lo lleva a Johny de nuevo: ya sólo le
faltan las mujeres.
Manolo entra en los servicios del garito y rompe
el inodoro con el martillo. Lo usa con las monjas que están en la puerta de
la iglesia, y su escatológica acción provoca que las monjas huyan, olvidándose
una lista de teléfonos, que da a su amigo Johny.
La gran juerga está en su apogeo y, como colofón,
el gran cantautor que es Manolo Kabezabolo nos deleita con su gran
repertorio...